El día de Jueves Santo tuvimos el privilegio unos cuantos miembros del
Patronato, de asistir a otra edición del cocido en Ataquines, una
jornada maravillosa para disfrutar con todos los sentidos. El sentido
del tacto fue el primero que percibimos, con una lluvia intensa sobre
nuestros rostros nada mas bajar del coche que impidió la celebración al
aire libre, en la plaza de tientas del maestro Mondéjar como en
ediciones anteriores, y hubo que trasladarlo a la bodega de las mismas
instalaciones. También sentimos con el tacto los apretones de manos y
abrazos de corazón, con que fuimos recibidos los comensales a medida que
íbamos llegando.
Una visita
turística por la población nos sirvió para despertar el sentido de la
orientación, recorriendo los altares al "Dios Baco", con nombre de bar
que encontrábamos al paso, para saborear unos blancos de la tierra.
Una
vez sentados y dispuestos en la mesa, el sentido común es obligado, para
rezar una oración hacia los cocideros que nos han abandonado para
siempre, pero que siempre permanecerán en nuestro recuerdo. La vista y
el gusto fueron recibiendo sensaciones a medida que los platos se
llenaban, la sopa con arroz, los garbanzos, la carne, el tocino, los
chorizos, los rellenos y la morcilla, regados con vino de Castilla y una
limonada inmejorable.
A partir de este momento el oído y
el olfato fueron tomando posiciones; la fragancia de orujo caramelizado
de la queimada realizó su función espléndidamente y calentó los ánimos
para que se animaran los primeros sones.
Los
Martín, tío y sobrino con dulzaina y caja ofrecimos aromas del
Mediterráneo con el "Chocolatero" y de tierras castellanas con la
"jota de los novillos". Chencho con su voz perfectamente
atimbrada por el paso de mas de ochenta primaveras, nos trajo el embrujo
del flamenco, pleno de fragancias de azahar, romero y hierbabuena. Los
zamoranos entonaron canciones de Aliste y de sus vecinos lusos, los de
"Tras os montes", como recuerdan cariñosamente, con perfumes de Jara y
tomillo, olor a marisma y fado con "María la Portuguesa",
efluvios de Toro con "el Tío Babú" y sobre todo una versión del "Madero",
coreado el estribillo a voz en grito por los cien comensales y
acompañada de zurrios con el puño en la mesa marcando el ritmo, del
estribillo que narro a continuación para los que no la conozcan:
"Era de nogal, era de nogal,
el santo era de nogal,
por eso pesaba tanto,
el muy animal".
Muchos más se fueron animando por variedades, tangos, seguidillas....Y
Moisés, con el chorro de voz que la genética le ha donado y las tablas
adquiridas en mas de cinco décadas de actuaciones por todos los
escenarios de España, nos regaló una actuación memorable para los oídos,
acompañado de su equipo de trabajo, y otras veces, a voz limpia por
fandangos, demostrando que la tecnología no es necesaria para amplificar
una voz que es prodigiosa por naturaleza.
Con la fotografía de rigor
para el recuerdo, acabó la jornada con sabor; sabor agridulce, con pena
de lo que se acaba y tristeza en el abrazo de despedida de amigos que
tardaremos un año en volver a juntarnos todos, pero alegría de la
jornada vivida y de la esperanza... ya solo faltan 356 días para
degustar, otra vez con todos los sentidos, el mejor cocido del mundo.
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