“EL CUBILETE” DE AJALVIR. UN AMABLE REFUGIO DE LA GANADERÍA CIPRIANO HEBRERO.

José Ramón Muelas García.  

         Tras la visita a la Ganadería Torrenueva, la expedición de "la Empalizada" se desplazó hasta Ajalvir bordeando Madrid; allí, entre lomas suaves hoy verde esmeralda, mañana pardas, se levantan unas instalaciones llamadas “El Cubilete”, donde la empresa Eventauro tiene un centro de distribución para optimizar el suministro de bravo; una plaza de tientas y un comedor.

      Finca de recreo y de trabajo, sorprende al viajero encontrarla en aquellos parajes. La primera impresión es de pulcritud, orden y cuidado por los detalles sólo comparable al de la ganadería leonesa de Valdellán. Pregonan su impecable mantenimiento la limpieza minuciosa, flores recién plantadas, derrotes en burladeros retocados con rojo inglés, métales sin mácula de óxido (lo que ya es difícil) y el no va más : en los chiqueros brilla el cemento de su piso. Los chiqueros!. Donde toda guarrería tiene su casa y parroquia; aquí, puedes hasta echarte la siesta.

      Tras la bienvenida por parte del ganadero y uno de sus hijos, comenzó particular vermú ya que en la finca se hallaba el torero Eugenio de Mora. Presentado, fue recibido con salva de aplausos; se le veía un tanto sorprendido pero agradeció el cumplido diciendo :

- “Es la primera vez que me aplauden sin hacer nada!”.

Por allí estuvo conversando con los empalizados y posando amablemente con quien quiso retratarse junto a él.

        Una vez sosegadas las ánimas y repostados los cuerpos, pasamos a ver los toros mientras se disponía la mesa.
Los cercados, vallados con ferralla, se distribuyen a ambas manos de un pasillo central de sobre cinco metros de ancho que asciende por suave ladera; a la derecha, los cinqueños del Pizarral; a la izquierda, los animales de la propia ganadería (procedencia Julián Crespo) y por todas partes palomas y gorriones que comen gratis el pienso de los toros.

     Aviso: avanzar pegados a la valla, lo más lejos posible de los cinqueños y no detenerse en las puertas de cada cercado pues al parecer, uno se había arrancado poco antes. El aviso fue para los chicos conjuro; abriendo los ojos como platos, escucharon de cumplido las recomendaciones paternas e inmediatamente fueron a cuchichear entre ellos. A los siete años aún aflora el instinto atávico del cazador neolítico y el obrar conforme a pautas impresas en lo más hondo; luego se va diluyendo. Hoy, en esta mañana de perros, van a meterse en el territorio del toro al lado de sus padres, van a hacer lo que su sociedad y su escuela les prohíbe, cuando debía enseñárselo: para cruzar el río hay que mojarse y a veces, hasta ahogarse. Van a comenzar a hacer cosas de hombres ... ¿Y si se arranca el cinqueño?. Hágase la voluntad de Dios pero si no se arranca y se vencen las prevenciones, habrá comenzado a labrarse el carácter, la autoestima, el aprehender que lo que vale, cuesta y que lo de "tío páseme usté el río que no me quiero mojar" es cosa de parásitos; no de gente seria, ni de castellanos viejos.

      Los cercados del género mayor contenían imponentes animales Guardiola-Urquijo con Samuel Flores, aunque bien fuera por su nobleza, bien por lo desapacible del tiempo, rumiaban aislados sin hacernos demasiado caso. Sólo un zaino tensó orejas y frunció ojos para luego sosegarse al comprobar que éramos gente de paz.

     La torada de la casa estaba algo más revuelta debido a su juventud; claro que viendo las moles de la derecha, erales y utreros parecían juguetes, como el simpático perrillo que andaba entre ellos coleando hasta ser atraído por las monerías que le hacían los chicos, recompensando su atención con bolsa de gusanitos.

Hubo comida y postres tan alegres que algunos incluso bailaron mientras se disponía la capea.

       Entrando en materia torera, la plaza de tientas presentaba el suelo en perfecto estado, ocupando su centro una palanca de primera especie con fulcro algo inestable y los tercios, un estrado; juguetes capaces de conferir a la capea notable variedad; sin embargo, tiene un problema de diseño : han dispuesto cable de acero corrido sobre la barda de la barrera para evitar los saltos al callejón, de modo que tú tampoco puedes saltarla si te sigue el bicho.

     Salió la primera chota parienta del Duque de Alba por la nobleza que mostraba; entraba a tiralíneas, perdonaba errores menudos y gruesos e incluso, teniéndote cogido, ejercía católica caridad rematando de broma, dígalo el presidente Andrés quien amarrado al cable de la barrera fue zarandeado, aunque por las carcajadas que daba, la munición fue de salvas. Viendo la torería semejante percal, la entró a saco; cortes, capotazos, ejercicios gimnásticos en la palanca, cites masivos desde el estrado etc ... y el primer chico que se sube al estrado alegando él famoso “yo también tengo derecho”. Nobilísimo e incansable animal, resultó una joya.

      La segunda, entrepelada, resultó menos cumplidora; lo que es andar, andaba, pero al estilo de Lázaro cuando salió del sepulcro; es decir, andaba a lo tonto, de modo que los chicos aumentaron sus exigencias y subió al estrado otra pareja. Paraban citando campechanos desde la pequeña altura cuando algunos mozos decidieron mostrarles las veleidades de Fortuna volcándoles el estrado. Las maldiciones de los chicos no eran para los finos oídos; tampoco lo fue su obrar gallardo para la agria blandura de los tiempos que corren pues -muestra de su buena crianza y del paseo cinqueño- en vez de retirarse, salieron más.

     La última siguió parecido discurso mientras empeoraba el tiempo; luego se corrió una tora y se echó la espuela entre las exigencias de los chicos a la dirección para que precisara cuando se volverá a salir al campo; el avance de nubarrones negros como toros que cubrían la Alcarria lejana y la alegría de Lucas, empalizado de seis meses que vestía por primera vez la camiseta de la torería andante: de capea con medio año!. Velay, lo que importa tener buenos principios!.

Finalizaba así una larga intensa y feliz jornada.

 

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)