REFLEXIONES Y APUNTES SOBRE EL CARNAVAL DEL TORO 2.017 (I) . 

J. Ramón Muelas

foto. Enrique Carnero Santiago

 

    Con un tiempo estupendo comenzó la primera gran reunión taurina popular del año: El Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo; ocasión para congregar a la afición del Valle del Duero, la portuguesa del Sabugal, la del sur Castellano y muchos levantinos y franceses que gustan del particularísimo sabor de esta función donde confluyen algunos factores capitales que diferencian lo culto de lo patachín.

     Hay parajes donde carnaval es sinónimo de estridencia, mal gusto, veneno de lengua, escenario de frustraciones y ocasión de hacer lo que a diario pide el cuerpo y no se le da; bien por propia contradicción o por simple incompetencia. Le dicen tiempo de transgredir dando por sentado que el resto del año será tiempo de obedecer servilmente. Líbrenos Dios de tales parajes y de tan graves pecados urbanitas.

      Hay otros parajes donde carnaval sigue significando lo que decían los antiguos que significaba: Breve licencia para recordar lo pagano y entrar con más vigor en la Cuaresma; prepararse para morir y resucitar teniendo idea cabal de lo que somos en parte: polvo, aunque la muy recia sentencia “Hombre, recuerda que polvo eres y al polvo volverás” ya la ha cambiado hasta el cura que pone la ceniza y que por mor del tiempo garbancero la ha convertido en un glorioso: “conviértete y cree en el evangelio”.

     Entre transgresores de opereta y curas garbanceros, la Cultura Castellana insensiblemente vuelve a sus orígenes, a ceremoniar corriendo toros, paraje donde no cabe la bobada y donde el “pulvis eris” aparece con meridiana claridad; sólo nuestros cimientos nos queda de verdad, como testimonió Rioseco hace un par de años, o Ciudad Rodrigo en fecha imprecisa, pero bastante moderna. Ambas ciudades corrían históricamente los toros por San Juan (entre otras fechas) y sin embargo, hogaño se rellena este tiempo víspera de primavera con función taurina.

     No digo con esto que la tauromaquia mirobrigense sea de antes de ayer; ni mucho menos. Y aún diría que documentalmente hablando, es de las más antiguas de Castilla y también de las más ricas. En 1.417 -Una broma ...!hace 600 años!- el ayuntamiento publicó la subasta del monopolio en los suministros de ciertos abastos y explotación de bienes propios de la ciudad, entre ellos el derecho a la pesca en exclusiva del segmento de río denominado “el piélago de la puente”;

“.. el piélago de la puente arrendólo Bertol Sánchez por seys años, e que faga las talanqueras quando ovieren de correr toros e ponga el tabrado por día de Sanct Iohan o por alegrías del rey”.

     Para asegurarse tener financiada la infraestructura taurina, asociaba la explotación de la pesca con la obligación de levantar talanquera y tablado municipal; además nos dice muy claro las dos razones para correr toros en Ciudad Rodrigo 1.417: Los antiquísimos toros de San Juan y las “alegrías” del rey; es decir, entrada del rey en la ciudad, bodas y nacimientos, victorias militares y casos excepcionales. Y estamos hablando de tauromaquia municipal, concejil, nada de caballerías, ni de torerías, ni de artes, ni historias. Puro mecanismo ceremonial.

     Tanta afición debió haber en el lejano siglo XV que en Ciudad Rodrigo 1.493 SEP 24, cuando se despide el corregidor licenciado Francisco de Vargas y se somete a la llamada “toma de residencia” o explicación de su gestión ante el corregidor entrante Sancho de Frías y ante cualquier individuo del concejo. (¡Velay si la cacareada “transparencia” es cosa vieja!), se puso freno a los gastos festivos que pagaban los bienes propios del ayuntamiento, limitando a 6 el número de toros a correr a cuenta de bienes municipales, pidiendo mesura en la colación o merienda taurina y fijándoles financiación sobre quienes se quedaran con el abasto de suministros estratégicos como carne, velas etc… o arrendaran rentas concejiles.
Caso parecido sucedió en Cuenca, Segovia ect .. porque detrás aparecía la mano de la Reina Católica celosa de que los ayuntamientos y la moneda estuvieran saneados.

“...E otrosy por cuanto por los dichos gastos parece que en esa dicha ciudad se corren muchas veces toros e en ellos se hacen gastos demasiados, mandamos que de aqui adelante non se pague en esa dicha ciudad de los propios della ni por repartimiento mas de fasta seis toros cada año repartidos por las fiestas que a vosotros paresciere e bien visto fuer, lo cuales dichos toros, se carguen en las rentas de los propios de la dicha ciudad e se pongan por condicion al tiempo que se arrendaren a los que las tomaren y que la carne y cueros de ellos quede para los dichos arrendadores…”

     Con tan claros y ricos antecedentes hemos llegado hasta nuestros días, donde Ciudad Rodrigo es la primera gran función anual pese a las muchas limitaciones que el nefasto reglamento de espectáculos taurinos populares ha ido imponiendo a golpe de capricho y amenaza con el único objeto de evitar cualquier descontrol; cualquier situación que una acobardada autoridad no pueda cortar de golpe; pero esa pseudoautoridad lejana, de otro mundo, no puede borrar la metafísica de algunas plazas ni de algunos tiempos.

     El sábado 25 de febrero a las 11 se corrió a “Riachuelo”, cinqueño de la ganadería de los Hermanos Celador y adquirido por Carnavaldeltoro.es. Salió abanto, haciendo hilo y ligero desde el corral de San Pelayo hasta llegar a Los Pinos; una vez en terreno abierto, subió la cuestecilla víspera de talanqueras y por allí se enquerenció apuntando falta de fuerza, pero respondiendo si se le invadía la querencia en distancias menores a 4 metros.

      No era constante en la persecución, aunque dada su encornadura y belleza de líneas tenía un trapío que volvía arrancadas intrascendentes en cargas del Regimiento Alcántara.
Poco a poco se le fue cercando y al punto, un torero le pegó el salto de Alvarado sin garrocha; de nada le valió levantar la aparatosa cornamenta para detenerle, porque el torero le robó la cartera con toda limpieza; a partir de entonces se vino abajo dando arrancadas cangurescas para barrer zona que quedaban en nada, pues no seguía ningún objetivo y bastaba a la torería abrirse para evacuar el ataque; incluso hubo galanuras lucidísimas como el cuarto de vuelta con la punta de una chaqueta y los pitones a centímetros de las piernas.
En resumen un precioso toro hecho para la montera que cumplió como pudo superado por la torería popular, cuidadosa de no extinguirle. No fue para tirar cohetes, y sin embargo resultó bien.

      A la una se encerraron tres domecqs muy bien presentados de la ganadería de Antonio San Román; tal vez con exceso de peso o al menos falta de fuerza, como demostró el accidente sucedido en el Registro, donde resultó alcanzado un corredor por un toro castaño, pero se pudo frenar al toro coleándole.
Tras llegar suelto el tercero, se encastillaron en la Puerta del Conde permitiendo citar muy de cerca sin responder, aunque repentinamente espabilaban atacando talanqueras con decisión, como si les pidiera cuentas su sangre brava.
Los cortadores aprovecharon estas erupciones para torearlos en el pasillo al pie de los muros, destacando dos rodadores que mano a la testuz giraron a los toros hasta pararlos. Quiso la mala fortuna que los bueyes se adelantaran llegando a la plaza y que precisamente cuando venía una mano de corredores con toro y bueyes a la espalda se encontraron de frente con un cabestro de media capa que salía de la plaza. Cogidos así entre el cabestro y el encierro que traían a la espalda sucedió accidente. Deseamos a los lesionados la más pronta recuperación.

Encierro Domingo

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)