COMEDIAS EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA.

 J. Ramón Muelas

 

 

 

       A cencerros tapados, con miedos y de rondón, la Junta de Castilla y León cumplía el día 25 de septiembre una de las promesas hechas a la montera: Fundar en la Universidad de Salamanca  cátedra donde estudiar la corrida de toros. Conviene precisar y subrayar para no equivocarnos y que nos pase lo de siempre a la gente de talanquera; es decir, que nos utilicen vilmente: La cátedra es para estudiar la corrida de toros, especialidad a la que reducen la tauromaquia; incluso a la que únicamente llaman tauromaquia.
Nada de encierros, pueblos y similares; vamos, que a los de la talanquera la fundación nos traía sin el menor cuidado, pero a la montera no. La corrida de toros genera una buena cantidad de renta real y en consecuencia deben optimizarse los conocimientos conducentes a aumentar esa cantidad de renta real, de modo que los 75.000 euros con que se dotaba a la cátedra tampoco era para tirar cohetes. ¿Cuánto IVA genera la montera?. Protestaría en las cortes un diputado de Izquierda Unida el hecho de dotar a la cátedra con ese dinero en vez de destinarle al estudio de la despoblación o de los gitanos como han hecho otras universidades. ¡Qué curioso, quieren comer los huevos de la gallina de oro y la niegan hasta un poquito de triguillo!. Por eso somos y seremos pobres.

     Hicieron la fundación tan de secreto, que ni siquiera las asociaciones taurinas de la montera aparecieron por la estatua de fray Luis, bien porque no fueran invitadas, bien porque entendían que la cátedra era cosa propia de otras esferas muy por encima del simple aficionado monterado, al pie del maestro fray Luis -agustino, humanista y otras muchas cosas- sólo había medio centenar de alumnos convocados por el entorno de Podemos para dar guerra y que se notara su oposición a la fundación de la cátedra, pero no había aficionados.

     También por allí, el torero Cayetano Rivera Ordóñez, la consejera de cultura María Josefa García Cirac, Chapu Apaloaza, Mónica Pérez Alaejos, Emilia Riesco, Óscar González, Sol Carnicero, Ana Pedrero y Ángel Badillo esperaban a que dieran las 19,30 de la tarde para comenzar el acto en el aula Miguel de Unamuno. No hubo lugar; el rector Daniel Hernández Ruipérez temió la “falta de seguridad” y suspendió el acto por si se le boicoteaban: No tenía ni infantería propia de choque, ni ganas de pedir apoyo a las fuerzas de orden público que sabían perfectamente lo que se tramaba, pero que a diferencia de lo que hacen en Tordesillas, no aparecieron. Puestos a pensar mal: ¿Estaría tan pactado como lo de Tordesillas o lo de Medinaceli?.

     Y la Junta y la montera se marcharon calladitos en un país donde so color del derecho constitucional a la libertad de expresión es posible suspender la fundación de una cátedra y prohibir a un pueblo reunir 30.000 torneantes en su ceremonia identitaria con más de cinco siglos como es el Toro Vega. Todo en la más pura legalidad. Cuando lo cuentas en Estados Unidos no se lo creen, o al menos dicen no creerlo, aunque teniéndonos conceptuados (como nos tienen) de bobillos muertos de hambre y cobardicas resabiados, algunos dudan si tamaño esperpento legal sería posible o no. Esta tarde lo fue.

     Han pasado algunos días. Hoy el rector se duele lamentándose de las amenazas que recibe, de la intolerancia, del fanatismo, del odio entre sectores sociales y de todas estas cosas que un rector, seguro que buen conocedor de la historia, debería saber perfectamente son meras armas en un tipo particular de  guerra: La subversiva. En cierta manera se repetía la historia de Unamuno, otro rector progresista que no se enteraba y en plena guerra civil pedía melifluas maneras democráticas cuando lo que la situación pedía eran arengas y munición.

     Hemos vuelto a la barbarie del siglo IV, a los tiempos en que Roma reía las gracias a los bárbaros saqueadores de alquerías porque les temía y porque ya eran parte del cuerpo enfermo de la ciudad; por eso hoy los bárbaros vociferaban tan contentos al pie de fray Luis, torero popular de los exigentes que no dudaba en echar la firma para defender a la tauromaquia de los cipayos romanos y que si por milagro ese bronce frío hubiera tomado vida, la función habría resultado tan caliente como las de Tordesillas. No hubo melifluas maneras ni mucho menos arengas y municiones, sólo cabezas agachadas retirándose en silencio.

      ¿Qué pensará de esta comedia  fray Luis, torero y maestro?. Según el pintor Pacheco era el hombre más callado jamás conocido, así que decir decir, no diría nada; menos aún en materia donde por un quítame allá estas pajas podría ser acusado de incitación al odio, a la violencia, a la xenofobia, al racismo y a sabrá Dios cuantas cosas más, pero seguro que lo pensaría. Silencio es la consigna para la montera; vosotros, los civilizados, reíd las gracias de los simpáticos bárbaros y demostrad al mundo que no sois como ellos, que tenéis cultura. Nosotros, los de las talanqueras, los que no tenemos cultura, sólo decimos lo que pensaría fray Luis: ¡Viva el Toro Vega!. Con eso está todo dicho .

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)