CRÓNICA LARGA DEL INMEMORIAL TORNEO DEL TORO DE LA VEGA 2.022. VIIº AÑO DE LA REPRESIÓN.

J. Ramón Muelas

foto. Jose Carpìta

 

      Tras un largo e infernal verano durante el cual el ayuntamiento de la villa había conseguido aprobar su nueva ordenanza para gobernar el Inmemorial Torneo del Toro de la Vega, la cosa parecía lograda.
Sólo el Patronato se opuso a esta normativa, pues tras consultar a sus torneantes y lanceros concluyó la Junta que tratar de poner divisa con hierro de 3 cm. a un Toro Vega, es andar medio camino hacia el sepulcro. Técnicamente no era viable, pero la villa por acuerdo mayoritario aprobó esa ordenanza. Hiló fino, consultando en la Junta de Castilla y León a los servicios jurídicos la redacción y extremos de dicha ordenanza para no vulnerar la reglamentación vigente y así se publicó en boletín quedando aprobada.

     Esta ordenanza limitaba el número de lanceros, cambiaba el arma y proponía sustituir la profunda ceremonia por un sucedáneo consistente en plantar la divisa fijada en el extremo de una vara, limitando además el número de entradas. Angelicalmente patético, pero mejor que soltar un toro para que se vaya al prado escoltado por marcial batallón de la Benemérita. Solución de circunstancia hasta que hagamos con el Reglamento de Espectáculos Taurinos Populares lo que nuestro padre Fernán González hizo con el liber iudiciorum en medio de la plaza de Burgos: Darle fuego. 

     Así las cosas, vísperas del Torneo, tuvo lugar admirable sainete que se estudiará en las facultades de derecho. A volapluma: PACMA mueve a Podemos, Podemos al PSOE, entrambos a la Fiscalía de Medio Ambiente para que ésta diga que no ve delito en el nuevo formato del Toro Vega y desvíe la atención en lo que se gana tiempo para pasar de Madrid al ámbito local de Castilla y León, poniendo el toro en suerte a la Sala de lo Contencioso Administrativo en Valladolid, del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, ánima de la parroquia que dicta sentencia tan pintoresca como para hacer apuestas.

     Funda la sentencia en tres puntos:

1º. El toro será atacado por 50 lanceros.
Daremos 1.000 euros a quien nos diga el nombre de tan sólo 5 lanceros. En Valladolid ignoran que nada mas se apuntó uno para luego borrarse.

2º el “arpón” de las divisas propuestas por el ayuntamiento de la villa, hierro de 3 cm., puede causar al toro gravísimas heridas y aún la muerte.
Daremos 5.000 euros a quien sea capaz tan siquiera de conseguir clavar una divisa en la dura, resbaladiza y peluda piel del flanco del toro. El Patronato se opuso a las divisas por considerar que era mandar a los lanceros con toda seguridad a un grave accidente y que la probabilidad no ya de herir, sino tan siquiera de fijar la divisa tendía a cero. ¿Matarle?. ¡Hace falta imaginación!.

3º Se maltrata al animal.
Como el único elemento fiable de maltrato es observar que el animal sale huyendo al sentir dolor, daremos 10.000 euros a quien prendiendo divisa consiga hacer huir al toro y además un librito del profesor Yllera sobre dolor, bravura y hormonas.

     La sentencia se nutre en el pedimiento enviado por PACMA que el TSJCyL cree a pies juntillas sin indagar extremos; es decir, en relación siniestra; a nadie pregunta, no instruye nada y lanza el anatema. La Junta de Castilla y León, en vez de montar en cólera viendo invadidas sus competencias, lo inconsistente de los fundamentos y que nunca en la historia del hombre se había dictado sentencia en tan breve plazo, lo que por algo será, calla, otorga y aún aprueba por lo bajo. Todo prohibido. Ni Toro Vega ni nada.

    Y entonces el ayuntamiento de la villa trata de soltar algo como sea, no urda el demonio que algunos torneantes obren como en tiempos del alcalde Elías Pérez, cuando se liaron las cosas y hubo golpe de estado en el palco presidencial, poniendo el público por autoridad al conocido “Artillero”, quien pidiendo la afición un toro, respondió, nuevo Augusto, dirigiéndose a toriles:

- Sois pobres hasta pa pedir. ¡Papo!. !Suelta tolos toros!.

     En Valladolid parece que temieron complicar el asunto y a matacaballo, cierta Delegada de Castilla o de Madrid o vaya usted a saber ... ¡Hay tanta gente mandando!, autorizó un par de encierros urbano y mixto en lugar del Torneo, con lo que el ayuntamiento de la villa descansó pidiendo albricias por su diligente gestión.

     Desde fuera todas estas intervenciones parecían irreales, de los tiempos de Calígula o de Carlos III, pero no del siglo XXI. Se intuía el mangoneo, la inconsistencia, incompetencia, servilismo y hasta la mala cuna y peor crianza. Era un mal sueño. ¿No afirma la Constitución Tit I / cap. III / art. 46:

"Los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio" ?.

El mundo se ponía al revés.

     A la hora de los fantasmas algo pasada se desencajonó en los castillos del puente a “Manjar”, mulato ligeramente meano de la ganadería Albarreal nacido en 2.016 DIC 09, sangre de Marqués de Domecq con Concha y Sierra y Martelilla; excelentemente presentado tanto en aplomos como en hechuras y especialmente bien encornado, con aparato. Era un Toro Vega.

     El toro recorrió el itinerario con prontitud entrando en la plaza y recibiendo varios cortes, algunos de ellos de gran belleza a tenor del trapío del animal. Fue entorilado sin dar ocasión a más comprobaciones quejándose algunos torneantes de haber hecho 100 Km. para ver al toro unos segundos.
     Asistieron al encierro cosa de 5.000 torneantes,  muy lejos de aquellas multitudes de antes de la represión; ni siquiera el ansia de toros que se palpaba este verano movió a la afición. ¿Qué por qué?. ¡Velay!. Porque nos gustan las cosas como son, no como nos impongan.

     Amaneció el sagrado Martes de la Peña triste. Poca pólvora para la costumbre, diana justa, poca tensión, poca euforia, mucha ira, mucha nostalgia, mucha frustración, mucha cabeza gacha y mucha impotencia ante la repetida cacicada. Cuesta hacerse a la idea de que eres una oveja bien mandada.
El río de torneantes de antaño ha quedado hogaño en arroyo que bajaba silencioso calle de Santa María adelante recogiendo ávido la pegatina del Patronato:

Tordesillas existirá mientras quede un lancero”.

     El único grito de fe en la pastoril mañana. El “detente” que te pones al pecho para que se vea que eres lobo y no oveja; el certificado de asistencia a la mas recia y profunda ceremonia humanista, razón por la cual es perseguida.

     Cosa de 10.000 torneantes desplegaron por el Palacio, Empedrado, Puente y Cañada sin apreturas. !Cuántas faltas!, aunque los irreductibles como el profesor portugués Luis Capucha y señora, los heroicos espantadores saucanos, la caballería de la Guareña, los sogueros benaventanos, los alcarreños … el nervio humano de Castilla la Guerrera paraba orgulloso paseando arenales.

     Bajando la cuestecilla del Cristo esperaba algo de caballería completamente desarmada y bien escoltada por la caballería de la Guardia Civil; más adelante, al pairo de la riberilla de la Josa, algunos torneantes desperdigados miraban las nubes grises que la pobre cohetería dibujaba sobre San Antolín. Vivían “el preludio”, como llamamos a ese tiempo muy próximo al combate en el que te liberas de lo exterior para sumergirte dentro de ti; en esos momentos te quedas con la vista fijada a cualquier nimiedad: El reloj, una hormiga, un pino lejano … Desconectas y poco ha poco notas el cambio. Si tienes suficiente Motivación Acumulada estás listo para el combate, pero eso no lo vas a saber hasta que se acerque el toro, de modo que unos años le saldrás al encuentro y otros te retirarás.

     La línea de caballos de la Guardia Civil procedió a mandar a nuestra Caballería que se replegase hasta el Límite Anterior del Palenque señalado por banderas que no se habían puesto. Una guardia civil montada en nervioso caballote mandaba :

- ¡Vayanzé a laz banderaz!.

A lo que respondió un jinete:

- ¿Qué banderas?. ¡Si no hay ninguna!.

- ¡Que ze vaya payá!.

     Estaba nerviosa pese a que entre gente de a pie, a caballo, motorizada, secreta, dronizada etc .. bien pasarían de 60 los guardias encargados de cumplir la sentencia mecanocuántica del TSJCyL. Apenas había allí algún torneantes de a pie.

     Curiosamente y contra costumbre, este año los torneantes no estábamos nerviosos como otras veces. No pasábamos por los estados emotivos que pasan los torneantes cuando está a punto de comenzar el Inmemorial Torneo.
El primero de esos estados le describe Bernal Díaz del Castillo en su Verdadera Relación de la Conquista de Nueva España LXXVII:

“.. antes de entrar en las batallas se me ponía una como grima y tristeza en el corazón y ayunaba (orinaba) una vez o dos y encomendándome a Dios y a su Bendita Madre y entrar en las batallas, todo era uno y luego se me quitaba aquel pavor ..”.

 El segundo le define el poeta Ángel Luis Sánchez en su Oración:

“A todos vosotros que estáis siempre -antes y después- junto a mi soledad: Os ruego fuerza frente al miedo de este cuerpo y os ofrezco el sueño del triunfo. Amen”.

     Pero desde el año 2.016 los dos estados no parecen tan nítidos como siempre. Ya no sientes estar en un torneo, aunque permanezcan algunos elementos superficiales.

   

     Cuando restralló la bomba real sobre el Duero, el griterío que siempre te marcaba por dónde venía el toro no era tal; la carrera del puente compacta, preñada de torneantes, mostraba demasiados claros y el toro la recorrió al galope sin detenerse hasta la rotonda del Cristo, donde perdonó un par de errores graves.

     Tras bajar la cuestecilla y embocar la Cañada quedó con toda su vanguardia abierta avanzando libremente hacia la Vega. Nadie cortó, ni citó, ni se echó encima, de modo que el toro acabó llegando a la línea de caballería siendo embolsado con prudente radio y dejándole la iniciativa, dado que sin varas, la caballería es mero adorno sin capacidad de maniobra.

     Tal vez el lance más destacado fue la intervención de los atalancados encaramados a una de las grandes paralelas que lleva luz a Madrid; eléctrica, por supuesto; donde el incombustible Padilla y colegas capotearon de fortuna. Poco más hubo. Llegó el toro al Pinar de la Vega deambulando entre los claros que dejan las líneas de paralelas y escoltado por un caracol de caballería muy abierto porque no podían hacer otra cosa.
     Cuando algún jinete pretendía acercársele a menos de sobre 10 m., que esta era su distancia de arrancada, el toro amagaba salir y se detenía al punto. Ni siquiera hubo acordeones de líneas de torneantes; sólo dejar correr el tiempo para aparentar que se hacía .

     Sería el mediodía cuando tocaron a recoger. Llegaron los bueyes y las voces: Todos para casa, esto ha terminado, dejad a los profesionales. Los profesionales fueron tirando del toro hasta el Polígono de la Vega, donde unos dicen que fue necesario anestesiarle, otros que en realidad le iban a eutaniasar y todos que era pésimo fin para un toro bravo cuando daban sobre las 12,30.

     Entonces te vienen a la cabeza esos momentos en que el lancero vencedor subía glorioso sobre el toro y todos nos sentíamos en comunión satisfechos de haber celebrado, gozando bienes que no podemos describir -aunque eso sea lo de menos: !Estás en territorio de místicos! ... y ahí se aprehende, no se escriben novelas.  Pasar la experiencia a la pluma queda para los angélicos.
Vea el lector lo que describía así en sus Liras una angélica, la monja carmelita sor María de San Alberto c. 1.630:

“¡Oh dulce noche oscura
que no pones tiniebla tenebrosa;
mas, antes tu espesura,
cuan ciega es deleitosa
y cuanto más oscura, más hermosa!.

Divinas negaciones,
dichosa oscuridad, dulce sosiego,
secretas invenciones;
dichoso el que está ciego
en tanta claridad, dichoso entrego. ..
 .. Entré en el dulce abismo
de aquella noche ciega,
donde halla viva luz el que se entrega ..”

     Por supuesto que al lector le suena tal música, aunque este año no sonara porque garnachas, golillas y pisaverdes lo impidieron con sus corchetes.

     La columna ahuecada de torneantes subió de la Vega silenciosa, nada había que celebrar y sin embargo, en la Plaza Mayor de la villa orondo lancero se paseaba lanza al hombro, las dulzainas tocaban la Danza del Toro Vega que compuso nuestro Dulzainero Mayor Jorge Bayón y los danzantes del Grupo Juana Iª de Castilla rodeados de torneantes bailaban la danza saliar, la única que Escipión autorizaba bailar a los hombres honrados, la danza de los 12 sacerdotes guerreros.

     El  bocado de aire fresco se reforzaría en el Concejo Abierto del Patronato del Toro de la Vega, donde los torneantes puntualizaron los lances vividos; allí se entregó el premio de los faroles a la panda La Escala y se brindó por la victoria con los vinos seculares.

     Por cierto, según PACMA, en la Vega hubo lanzas y ..!Espadas! (menos mal que no vieron los morteros del 120), aunque los guardaespaldas asignados por la autoridad a la señorita inspectora parece no vieron nada, ni tampoco el jefe de la Guardia Civil omnipresente; como sabemos de la profesionalidad de las fuerzas del Benemérito Instituto, concluimos que de nuevo PACMA miente, aunque en realidad eso no importa a nadie.

¿Hasta cuándo, Castilla, serás chuleada?.

Danza del Toro Vega en la Plaza Mayor

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)