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LA INVETERADA COSTUMBRE DE ESPANTAR ENCIERROS 

Ponencia para el IV Colegio de Lanceros   .    José Ramón Muelas García

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Cierta tarde de noviembre, hace ya 40 años, corrió entre los bancos del Colegio "Amor de Dios" una noticia gozosa y a la vez terrible : esta tarde habrá encierro. Corrimos hacia "la Chana"arrastrando cartapacio y abrigo para encaramarnos a una desbardada tapia y callamos hasta escuchar al rato lejana esquila; luego, golpear de cascos y al fin, un fantasmal jinete que observando a la chiquillería, espetó con tono afectado : "al que llame al ganado...le mato!". Comenzó a pasar la manada de vacas bravas camino de la invernia entre sepulcral silencio, pues nos tomábamos en serio la amenaza del jinete, pero alguien no pudo contener la afición, o tal vez fue dominado por una marcada tendencia genética; como fuera, comenzó a gritar : vaca! vaca!, bajó de la tapia y desapareció corriendo entre la niebla.

La eterna contradicción del hombre de estas tierras seguía viva : ¿animales peligrosos?, llamémosles!. ¿por qué?; pues...velay!.

Esta ponencia tratará de aportar elementos para demostrar la inveterada costumbre de correr al toro en libertad por calles y campos, así cómo de espantar encierros, principio y fundamento de lo anterior.

 

Antecedentes góticos y medievales

Desde muy lejanos tiempos se documenta el actuar intuitivo del hombre para atraer al toro, animal al que basta vivir en libertad y apartados parajes para ser fiero; estas dos realidades, fiereza innata en el toro y necesidad de citarle en el hombre, forzaron en el siglo VI a promulgar una ley :

 

(Lex visigothorum) "..Si vitiosum animal, cum aput dominum est, cuiuscumque etatis occidisse hominem videatur. Si quis bovem at taurum vel quemcumque quadrupedem noxium habuerit aut vitiosum, eum, antequam aliquem noceat, non moretur occidere. Quod si de vitio quatrupedis ex vicinorum contestatione cognoverit et postea eum reservaverit aut paverit vel distulerit occidere, at postea alicui mortem aut debilitatem sive vulnus intulerit, iuxta leges componere non moretur, sicut est de homicidis, id est viris ac mulieribus, infantibus, servis vel ancillis conpositio constituta; ita ut, si iugulaverit aliquem ipse quatrupes in annis XX, CCC solidos componatur ......etc.". Si alguien posee animal peligroso, debe eliminarlo o hacerse responsable de los daños que cause. Nótese el altísimo wergild de 300 sueldos para el S. VI, pese a variar según sexo y edad de la víctima; situación anormal en el derecho gótico que pretendía castigar al propietario de animal peligroso y sabedor de ello.

Esta ley se formula así en Fuero Juzgo : "si algun omne á buey bravo ó toro ó baca ó otra animalia, matelo luego ante que faga mal : é si lo sabe por los vecinos quel dixieren que es tal, e despues lo toviere ó lo gobernare, é no lo quisier luego matar, é despues matar algun omne ó firiere, faga ende enmienda al sennor cuenmo manda la ley del omecillo ..". Sigue una detallada relación de la sanción dependiendo de quien fuera la víctima y del daño sufrido. Pero lo verdaderamente interesante de Fuero Juzgo es el siguiente artículo: "si algun omne enriza buey ó can ó otra animalia contra si, quanto danno le ficiere el animalia, tornese a su culpa". Lo que implica la existencia de individuos capaces de citar al buey bravo para lancearle; es más, el número de protoaficionados debió ser lo suficientemente abundante como para obligar a legislar sobre el asunto; al menos en el siglo VI ya aparece documentada la tentación : citar al toro y si es a varios…mejor.

 

Excelentes debieron ser los tiempos altomedievales para la afición taurina, si reparamos en la abundancia de territorio despoblado donde tener al ganado lejos de todo trato, en la numerosa cabaña y en la muy permisiva legislación foral; aquella Palencia del siglo XII, donde para recibir al nuevo obispo "corrian vacas con cuernos dorados y cascabeles .."!... pero pronto comenzaría un proceso llamado señorialización que simplificadamente consistió en la consolidación de la tendencia de los magnates –en su variadísima escala- a apropiarse de lo concejil, de lo público; desde leyes hasta prados; desde fortalezas y derechos hasta el orden municipal. Los muy liberales años del siglo XII comenzaron a pasar a mejor vida, también en lo taurino; véase lo propuesto en el Fuero de Zamora, año de 1.279, aunque el artículo pueda ser bastante anterior.

.- Defendemos que nenguno non sea osado de correr toro nen vaca brava enno cuerpo de la villa, se non en aquel lugar que fue puesto que dizen Sancta Altana; e alli cierren bien que non salga a fazer danno. E se por aventura salir, matenlo por que non faga danno. E aquel que contra esto venier, peche C maravedís de la moneda mayor que corrir enna tierra, la meatade pora los muros de la villa, e ela otra miatade de los iuyzes, e emendar el danno que la animalia fezier. E los iuyzes que esto non quisieren levar e afincar, cayales en periuro. Esta ley fue otorgada e confirmada enno conceyo diomingo X dias de setenbrio, era MªCCCªXVIIª" (año de 1.279) .

Tan pocas líneas nos muestran con claridad meridiana la realidad taurina zamorana : se corría ganado bravo por todo el recinto urbano con los efectos naturales al caso; los sustos, accidentes y frecuencia con que la afición corría toros debieron ser bastante como para legislar. A partir de ahí sólo podrían correrse en plaza estable perfectamente atalancada . Puesto que se contempla la obligación de matar al animal que se escapase -cosa improbable si estaba el coso atalancado- hay que suponer la intención del legislador : temía que aún fijando recinto cerrado, la afición soltara a los toros para luego disculparse so color de haberse escapado. Incluso, apurando la lectura podríamos hipotetizar una resistencia de los jueces concejiles a sancionar por este caso : "E los iuyzes que esto non quisieren levar e afincar, cayales en periuro".

Esta legislación restrictiva en cuanto al uso del espacio urbano, posiblemente diera lugar al nacimiento de los toros enmaromados como fórmula de equilibrio; de este modo podía tenerse al toro suelto por todo la villa, pero a la vez, permanecía controlado; tal novedad explicaría la aparición de toros enmaromados en la imaginería de época.

En la Edad Media el ganado para correr no se criaba específicamente o al menos no hay noticias de ello, aunque tampoco hacia falta la intervención excesiva del hombre, ya que la técnica de crianza generaba reses bravas; obsérvese lo notado hacia mediados del S. XIV por el Infante D. Juan Manuel, hablando de las bestias : "..Otras bestias ay que son caçaderas et ellas non caçan, asi commo puercos jaualies ... et vacas brauas... Otras bestias ay que naçen en los yermos et biuen siempre alla, pero guardan las los omnes et, quando quieren, traenlas a los poblados, asy commo las vacas..".

El párrafo diferencia dos tipos de vacuno; las "vacas brauas" como pieza de caza y las "vacas", controladas por el hombre, pero significa su hábitat : el yermo; es decir el paraje solitario y semidesértico, inútil para la explotación o simplemente no labrado; demostrando la supervivencia de la técnica de crianza extensiva tradicional que asegura la disponibilidad de ganado bravo. Reunir este ganado resultaría difícil; moverlo, mucho más y encerrarlo en una villa, casi imposible, así que se tendía a encerrar individualmente o al menos en tal sentido apuntan las noticias disponibles en Zamora 1484 y 85. Pero caso de traer la corrida desde lejanos prados no quedaba más remedio que encerrar en grupo y además protegido; en Valladolid 1.500 se reparten los despojos de los toros : ".. e el otro medio a las otras guardas que han entendido en traer los toros a ençerrarlos". El detalle ya pone sobre aviso acerca de cómo se desarrollaba el encierro; si necesitaba guardias era porque la probabilidad de que la afición –de a pie y de a caballo- dispersara los toros para lancear con ellos a su gusto resultaba demasiado elevada. ¿Cómo evitarlo? :

bulletprocurando que la afición no supiera cuando iba a suceder el encierro; un modo era encerrar secretamente, como en Burgos 1.466 : "..cogen 2 ó 3 (toros) de una manada y los introducen sigilosamente en la ciudad.." aunque una vez conocida la noticia hubiera que blindar los toriles durante la noche con dos torileros, según hicieron en Peñafiel 1.477.
bulletEvitando el recorrido urbano en lo posible y fijando los toriles de recepción en el exterior de la villa o lugar controlable, como explícitamente propone el regimiento de Valladolid 1.500 "..cada e quando el dia que en esta villa se corrieren toros que sean ençerrados en la Red del pescado..e no en otro lugar alguno, porque en los ençerrados en otra parte viene daño, que vienen ligados e feridos de manera que toda la villa Resçibe grand agrauio e daño por venir asy feridos..".
bulletProhibiendo hostigar al encierro mientras avanzaba por el campo, como acuerdan en Santibáñez de la Valcorva : "Muchas vezes acaesce quando se encierran toros en esta villa que sin culpa de los que los traen se faze dano en pones o viñas..... hordenamos que quando lo tal acaesciere non se fagan man quadras a los dichos toros ni a los ganados que con elllos vinieren ni se lieve otra pena alguna a los que los truxeren".

 

Para espantar tan irritable ganado no se precisarían técnicas demasiado sofisticadas, bastando a los peones citar desde lugar medianamente seguro y a la caballería correr un flanco de la manada de modo que interfiriera en la hoy conocida como distancia de fuga grupal; pero nunca dejó de tener aroma a cosa oculta; en Fuero Juzgo se castiga con 50 azotes para el hombre libre y 100 para el esclavo el siguiente ardid : "..si algun omne liga cabeza de ganado muerto ó huesos ó otra cosa á la cola del caballo ó de otra animalia por tal que se espante ..". La técnica mejoró con el tiempo; durante las numerosas acciones llevadas a cabo contra Granada en el S. XV, Rodrigo de Narváez, alcaide de Antequera, utilizó el siguiente sofisticado método para dispersar el ganado que traía una aceifa musulmana : "..mandó que ciertos soldados hiciesen allí grandes lumbres y en ellas echasen cuernos, uñas de ganado, sebo, suelas de cuero y otras cosas que diesen mal olor ... corriendo aire favorable, llevó aquel humo al ganado que venía caminando por la vega, el cual con el mal olor se comenzó a desbaratar, rompiendo por todas partes con gran furia sin dejarse gobernar ni guiar de los moros que le traían ...". Tuvo notable éxito.

 

 

Perfeccionándose en el Renacimiento y deleitándose en el Barroco.

En el siglo XVI el encierro constituía parte capital de la festividad, pero los problemas de siglos anteriores seguían perfectamente vigentes; incluso acrecentados, pues mala solución tenía lo que se oponía a la voluntad de las gentes.

Se intentó aumentar la inercia del grupo componiendo el encierro con numerosas vacas mansas y se intentó potenciar el secreto encerrando de noche, de modo que el silencio y la oscuridad favorecieran la operación; pero sólo consiguieron que los vecinos hallaran nueva forma de divertirse y creciera la confusión. Tomando como ejemplo a Medina del Campo 1.566, refiere Santa Teresa cómo vísperas de la Virgen de Agosto ".. a las doce de la noche .. aquella hora encerraban toros para correr otro día.... mucha gente andaba por las calles y a deshoras .."; además, el itinerario estaba iluminado por las luminarias que los vecinos colocaron en sus ventanas y balcones.

 

Suponiendo que el ganado entrara al recinto urbano, aún debía llegar al coso o a toriles y eso pedía tener atalancado el itinerario, "..oponer las calles para la carrera..", en la lengua de la época; a la vista de los mezquinos costes de atalancado cabe suponer las numerosas veces que el ganado hallaría escapatoria deambulando por las calles para contento de los vecinos; tan frecuente sería el caso, que la campana Maragata de la Colegiata de Medina, tenía un toque especial llamado de "toros escapados" para avisar del caso.

Vísperas de fiesta y toros gobernados por pocos jinetes, aunque fueran guardas, formaban campo abonado para que las gentes desmandaran el encierro; así quedaría algún toro libre por el campo, y sin reparar los corredores en el daño que podía causar a panes y viñas, le correrían hasta cansarse : el ideal del Toro Corrido y la principal dificultad para encerrar. Ese toro acabaría muerto o perdido, pues corriéndose varias veces, cada vez sería más difícil de gobernar y el Regimiento, para evitar tan poco aprovechado gasto, legislaría en consecuencia; es reseñable el caso de Valladlid 1.501 : "... que él e las otras guardas matasen al toro de la villa que anda baldío por las viñas alanceado, por cuanto anda haciendo daño y ha sido corrido tres veces ..".

Con este panorama, la responsabilidad de los vaqueros era notable y generoso el sueldo a cobrar por su trabajo; incluso excesivo, como los 25 R./toro -vivo o muerto- y la exclusiva del encierro que consiguieron los mozos de espuelas del rey en el Valladolid de 1.544, lo que o bien reflejaba la extrema dificultad de encerrar, o bien no pasaba de ser un exacción; compárese el altísimo coste del año 1.544 con los 1.292 mrs. y los 2.348 mrs. pagados por encerrar en Valladolid 1.598

Una vez en el interior de la villa, todo cuidado era poco; las gentes acudían a ver las reses a los toriles; consecuentemente, las citaban y se producían los altercados y daños de costumbre... en el mejor de los casos, porque si había ocasión, no dudaban en soltar los toros; Medina tomó como solución custodiar el toril por guardias armados, mientras Tordesillas optó por disponer los toriles a la puerta del regidor Antonio de Vega, confiando en que la afición no se atrevería a perturbar la casa-fortaleza del alférez de la villa.

 

Llegado el 1.600, la afición exigía toros de verdad, nada de animalitos, sino cinqueños hechos y derechos; existen en los archivos municipales multitud de precisiones sobre la edad y bravura exigidas a los toros; como muestra, Nava del Rey 1.608 : "Que para el día y.... en la parte que se le señalare, apartare seis toros de cinco años para correr e matar en esta villa en las fiestas que hace por el día de Nuestra Señora de Agosto...Que se han de probar el día que se hubieran de matar luego por la mañana".

Estos toros les procuraban una ganaderías perfectamente configuradas que hacia finales de siglo habían diseñado un animal fiero y con garantías, cosa que parece ignorarse en el mundo taurino actual manteniendo la simplificación de las "castas fundacionales" y negando su aportación a los ganaderos barrocos, verdaderos artífices del toro bravo; pues bien, toros cumplidos de edad, buscadores y fieros, componían el género contra el que habían enfrentarse los aficionados barrocos.

 

El encierro constaba de dos partes; primero, desde los pastizales origen hasta el prado comunal de la villa compradora; luego, desde ese prado hasta los toriles.

  1. La primera parte se planteaba llena de problemas, pues para evitar que el encierro fuera descubierto era preciso moverse de noche, cosa dificultosa; más, si tenemos en cuenta que debían evitarse las cañadas y caminos neurálgicos, lo que a su vez implicaba vadear ríos y arroyos por puntos con poca o ninguna infraestructura. Desde Salamanca 1.629 se resume así : : " ... temo mucho (no) hallar vaqueros que quieran ir a llevar los toros ... y como es ganado que de noche no habrá comodidad para poderlo encerrar y el tiempo apretado, ha de haber mucha dificultad en llevarlos fuera, de que como los ríos que hay hasta esa ciudad son tantos, cuando lleguen, no han de ser de provecho; de cualquier forma, procuraré que vayan..". Una técnica utilizada para formar y mover el encierro en esta primera fase consistía en disponer hato de vacas mandarinas; "hay algunas veces allí 30, 40 y hasta 50.." a las que soltaban por los pastizales; pronto acudían los toros al reclamo y gobernando discretamente la tendencia a huir de las vacas, llevando detrás a los toros, se conseguía encerrar en corralizas levantadas para la ocasión; la operación era compleja, la ejecutaban vaqueros armados de medias picas y muy bien montados y a veces sufrían accidentes cuando trataban de impedir la vuelta de algún toro a la querencia. Preparado el encierro, era movido por las cañadas con las mandarinas en vanguardia y avisos precediéndole "..a fin de que no puedan hacer daño a nadie..". Otras veces se utilizaban bueyes de las carnicerías y otras changarros; todo valía con tal de conferir substancia a la manada de modo que prevaleciera el comportamiento de grupo sobre el individual.
  2. La segunda parte era antesala de la propia corrida; el encierro estricto o introducción del ganado en el recinto urbano. Sucedía durante el día y con participación masiva; sin embargo, no siempre podía hacerse así. Esta segunda fase era la más difícil para el ganadero, pues tanto jinetes como hombres de a pie salían a buscar al encierro y trataban de desmandarlo, lo que eufemísticamente se conocía en el lenguaje de época como "hacer suertes"; la consecuencia más probable era la dispersión; así se plantea el caso para Valladolid 1.605 : ".. recibiéronse por la mañana 16 toros con muchos caballeros que los van a esperar a 1 legua, y vienen haciendo suertes, que es una medio fiesta ..". El resultado más probable puede verse en Valladolid 1.692, de un encierro de 21 toros, entraron 18; uno de ellos se corrió y murió durante el encierro.

No quedan demasiados testimonios gráficos acerca del caso, pero los que se han conservado muestran claramente a las gentes de a pie y de a caballo correr el encierro de un modo muy próximo a como lo hacemos hoy, según muestran las dos pinturas sobre encierros en el madrileño Puente de Segovia; recibiendo con el agudo "ya, ya, ya" de las mujeres y las voces graves de los hombres llamando al ganado, conformadores de un ambiente sonoro tan sorprendente como capaz de amilanar a los nuevos en el asunto, según describe Amescua en estos versos:

"para la huerta del Duque

traían seis toros bravos

por San Blas; y el alboroto

de la plebe iba causando

más temores que las fieras"

El Museo Municipal de Madrid conserva una desgastada e ilustrativa pintura barroca sobre toros corridos : "Toros desmandados en el Puente de Segovia". Representa cierto encierro espantado por los corredores justo a la boca del Puente, ¿última oportunidad para lancear antes de que el ganado cambie de propiedad?. Los de a pie capean, provocan y acuchillan para liberar a los corredores cogidos, y otros y otras se disponen a ver pasar el encierro, incluso parece que a correrle. El valiosísimo texto de un extranjero en el Madrid de 1.670, matiza detalles importantes : "El Domingo (15-VI-1.670) fui a pasearme al Puente de Segovia para ver los toros, que hacen salir de la Casa de Campo para llevarlos al toril .. pero como la mayor diversión del pueblo es ver a esos animales y ponerlos furiosos, matan siempre a alguien al pasar el agua, de suerte que la experiencia, habiéndoles hecho conocer que eso los estropea y los hace menos corajudos, los hicieron pasar de noche. Cuesta mucho trabajo para hacerlos entrar en el toril..".

Del texto se desprende el momento utilizado por los madrileños para tentar a un encierro que ya venía caliente del prado : justo cuando pasaban el río, cosa muy justificable por lo atractivo de los lances en ribera; pero el Manzanares en Junio más dificulta el movimiento a los de a pie que a los toros, de ahí la frecuencia de bajas; por otra parte, sorprende la modernidad del concepto utilizado para justificar el impopular encierro nocturno : los toros pierden bravura si ya han contactado con la gente y se han empleado durante el encierro; o dicho de otro modo, la soledad es la cuna de la bravura; verdad a medias encaminada mas a justificar el impopular encierro y evitar la operación de encerrar de día, cosa casi imposible habiéndose de seguir un itinerario repleto de público con ganas de participar y que manifestaba una idea común : el toro es un bien público, no sólo de los especialistas.

Si relacionamos este texto, "matan siempre a alguien al pasar el agua" con el expuesto para León 1.629 : "como los ríos que hay hasta esa ciudad son tantos, cuando lleguen (los toros), no han de ser de provecho" podemos preguntarnos : ¿era el vadeo la ocasión esperada para lancear con el ganado?; no cabe duda lo atractivo que resulta citar al encierro en medio de un vado, donde se reduce algo la aplastante superioridad del toro sobre el corredor, donde las arboledas ofrecen cierto refugio y el frescor y natura del agua aportan al entorno un carácter distinto y muy agradable.

La propuesta es tentadora, e implicaría que una ciudad cuyos toros fueran adquiridos a 200 Km. Daba encierro gratis a todos los pueblos del itinerario a seguir y aún toros corridos gratis a los cercanos a los vados; demasiados toros gratis, más si reparamos en su elevado precio, así que a lo largo del siglo se iría haciendo necesario evitar el jolgorio y para ello se puntualizaría afinando las cláusulas en los contratos de adquisición.

El encierro era ya fiesta -aparte de faena obligada- cuyas consecuencias podían acarrear numerosos gastos y disgustos entre comprador y vendedor; la gente quería toros desmandados, pero una vez cansada la afición, los abandonaba en el campo y cuando quería proveerse, el toro podía estar muy lejos o simplemente, haber desaparecido; como además los jornales de la caballería eran elevados, no se buscaban los toros, esperando a recibir noticias sobre su paradero; por ejemplo, en Valladolid 1.600: "..de los toros que habían sobrado y idos, se habían recogido hasta en cantidad de 12 toros y llevádolos a la dehesa y que de otros 2, tenía noticia que habían pasado a Tierra de Sayago y dado orden cómo se buscasen ..un toro que se fue de unas fiestas que se hicieron a sus majestades, frente de Palacio, y está en el término de Villacastín ... acordaron ... le haga recoger o vender o aquello que más convenga ..". Nótese que el ganado apareció al cabo de algunos meses en Tierras de Sayago y en Villacastín, a más de 100 Km. de Valladolid!; el peligro de un toro bravo y suelto era grande, pero tan caro de conjurar que no quedaba otra solución : ya avisarían cuando el toro fuera localizado y entonces se tomarían medidas.

En cosas de toros tampoco se tenía demasiada consideración con el rey; en Aranjuez 1.665, Felipe IV reunía las ganaderías de la zona para seleccionar ganado bravo a correr en Madrid; imagine el alumno varias ganaderías confluyendo sobre el deleitoso Aranjuez : ¿no es el sueño dorado de la afición?; toros sueltos a discreción!. Eso debía entender el rey porque "..El día de esa fiesta se guarda muy en secreto y el rey no lo dice hasta la noche antes, que manda a los feriadores o colectores y mercaderes de toros y hace avisar a los pastores para que se aproximen con sus manadas..".

 

A modo de resumen puede concluirse :

 

  1. desde al menos el S. VI se documenta la vocación del citar al bovino bravo.
  2. Desde al menos 1.279 se corría al toro en completa libertad por las calles de villas y ciudades, financiándose unas veces por el municipio y otras por particulares y manifestándose una normativa a fin de paliar abusos.
  3. La fiereza en el bovino es una facultad que se genera per se si se le cría extensivamente en parajes poco o nada antropizados y que puede afinarse mediante la intervención del ganadero hasta llegar a la perfección del toro barroco.
  4. Desde el S. XV se documentan problemas para garantizar la integridad del encierro, lo que manifiesta la voluntad popular de espantarlo a fin de poder lancear particularmente en libertad completa y en un marco físico cambiante.
  5. Las técnicas utilizadas para encerrar que facilitaban el secreto –movimientos nocturnos por caminos secundarios- eran dificultosas de aplicar, pero posibles para desarrollar con cierto éxito la primera parte del encierro, pero en la segunda parte era imposible evitar las acciones de la afición.
  6. Los sucesos habidos durante los vadeos de ríos proponen ser este un punto crítico interesante de estudiar
  7. El problema del espante se agudizó durante el S. XVII, precisamente, cuando más caros eran los toros y menos recursos tenían los regimientos, lo que forzó a afinar en la contratación y a una actuación más rigurosa de la autoridad

 

Como conclusión final :

las gentes han buscado históricamente relacionarse con el toro en un marco de completa libertad, lo que se hallaba en contradicción por una parte con los elevados costes de los toros corridos y por otra con la proyección del concepto autoridad sobre la vida y el espacio público. Esta contradicción generó tensiones entre vecinos –cualquiera fuera su estado- y autoridad desde al menos el S. XIII y así seguimos, ya en el S. XXI.

 

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Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)

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