TORDESILLAS. DOMINGO DE LA PEÑA. LA MAYOR Y MÁS HERMOSA CABALGADA DE LA CABALLERÍA CASTELLANA DEL AÑO 2.026.  

J. Ramón Muelas García

 

 

      Poco a poco el Domingo de la Peña va consolidándose como el día de mayor asistencia a las fiestas de la villa, superando incluso al Inmemorial Torneo, sobre todo tras la cacicada de la Junta y Cortes de Castilla y León prohibiendo el alanceamiento para satisfacer caprichos woke.

     A las 18.30 h. debía salir el encierro del Parado del Zapardiel; compuesto con ganado de Astolfi que se presentaba cuajado, hecho, de cuatreños para arriba y además bien mantenidos y mejor acompañados: Sobre 350 jinetes tan lucidos como los toros aguardaban en la salida del prado para envolver al encierro, lo que consiguieron sin grandes trabajos aprovechando la también buena parada de bueyes.  Mientras en la villa ya iban rellenándose talanqueras de la Vega y murallas prometiendo lleno.

     No hubo novedades en la marcha de aproximación, llegando al Polígono sobre la 19.20 h y haciendo alto en lo que daban las 19.30, hora de entrar a la villa. Con toda puntualidad se volvió a mover el encierro sucediendo un problema que suele aparecer tras las paradas; y es que el ganado parece intuir que las cosas han cambiado, comienzan las miradas, los pequeños rehúses, la descoordinación del paso que se traduce en estiramiento y en presiones para escapar por los flancos. Estas incomodidades suelen neutralizarse si los cabestros tienen poder y los jinetes paciencia; si no, comienzan voces, silbidos, juramentos, el conjunto se acelera y resulta forzoso dar el arreón antes de tiempo para evitar desbandadas. ¿Sobra la última parada?.

     Esto último sucedió y tuvimos ocasión de ver la más hermosa cabalgada del año. Imagine el lector 350 caballos lanzados al galope tendido desde el majuelo de la Josa; al punto aquello era una polvareda tan espesa que no veías nada, aunque tampoco lo necesitabas. La grandeza era el retumbar de cascos, las voces de jinete animando a su caballo y a sí mismo; gritos guturales, blasfemias, todo difuso, todo sombras y todo hecho un todo que subyugaba. Volaban las piedras con los galopares aumentando el peligro, pero los caballos parecen tener el don de resolver estos problemas sin atropellarse, ni siquiera inmutarse.

 

     Pronto llegaron al Cristo y todo parecía resuelto, pero no: Un castaño hecho y derecho se dio la vuelta haciendo hilo con la talanquera de la Riberilla de la Josa buscando el Prado pese a los esfuerzos de la caballería para detenerle. Y tuvimos mini Toro Vega.

     El toro era de poder, apretando a los caballos si cerraban en corto para sacarle de querencia pero no se empleaba de continuo reservándose para de vez en cuando acercarse peligrosamente a talanqueras, donde los peones, gente veterana, temían que a nada que apretara derribaría las defensas. Si se acercaba mucho había que dejar la posición y salir sin prisa pero sin pausa hacia las alambradas del majuelo. Cuando remató en serio un par de veces, comenzaron las carreras generales de repliegue; parecía inminente que tanto buscar salida le iba a dar sus frutos y eso inquietaba al peonaje.

     Mientras, la caballería no cesaba en sus intentos de sacarle a la Cañada de Foncastín sin éxito en el empeño. Me pareció que aquello necesitaba más contundencia, varas en serio capaces de obligar al toro a dejar tablas porque corrían los minutos, los vaivenes y carreras del peonaje se sucedían y daba la impresión de que allí quien mandaba era el toro, a lo menos un peón se confesaba a la polvareda cual si fuera el párroco de Santa María:

- Joder que miedo estoy pasando.

     Otro perdía de vista al toro y corría como ánima que lleva el diablo hacia ninguna parte  .,. y en fin, campeaba cierta inquietud.

     Aquellos lances terminaron cuando llegó a la Vega la buena parada de cabestros, se apoyaron en talanquera y poco a poco  sosegaron y condujeron al toro hacia el Prado, previo amago de entrada al pinar del Parador.

     El sol se puso por San Vicente y la polvareda fue alejándose hacia el Polígono. Algunas familias montaron comedor de campaña entre los coches y comenzaron a merendar. Nuestras cosas.

     A eso de las 20.15 la caballería refrescaba sus monturas metiéndolas en el río y la tranquilidad regresaba.

     Un buen encierro.

 fotografías

 

Patronato del Toro de la Vega. Tordesillas (Valladolid)